El interés compuesto es, en pocas palabras, el interés que genera más interés. Cuando el dinero que ganas se reinvierte, esas ganancias empiezan a generar sus propias ganancias, y el crecimiento se acelera con el tiempo. Es el motor que hace crecer las inversiones a largo plazo, y también lo que hace tan peligrosas las deudas caras.
Si inviertes 1.000€ al 7% anual, el primer año ganas 70€ y tienes 1.070€. El segundo año, el 7% se aplica sobre 1.070€ (no sobre los 1.000€ iniciales), así que ganas 74,90€. Cada año partes de una base mayor, y por eso el crecimiento no es una línea recta, sino una curva que se dispara con los años.
El tiempo es el ingrediente más poderoso. Quien empieza a invertir a los 25 años y para a los 35 puede acabar con más dinero que quien empieza a los 35 e invierte hasta los 65, aunque este último aporte mucho más. La diferencia la hace el tiempo que el dinero pasa creciendo.
El interés compuesto también funciona en tu contra. Una deuda de tarjeta al 24% que solo pagas al mínimo crece de la misma forma exponencial, y puede tardar años en liquidarse. Por eso eliminar deudas caras equivale a obtener una rentabilidad garantizada.