La retención es el porcentaje que tu empresa descuenta de tu sueldo bruto cada mes y adelanta a Hacienda en tu nombre, a cuenta del IRPF. No es un impuesto aparte: es un anticipo de los impuestos que te tocará pagar. Al hacer la declaración de la renta se comprueba si con esas retenciones pagaste de más (te devuelven) o de menos (pagas la diferencia).
La retención evita que tengas que pagar todos tus impuestos de golpe una vez al año. En lugar de eso, Hacienda va cobrando poco a poco, mes a mes, a través de tu nómina. Es más cómodo y asegura la recaudación. Por eso tu sueldo "neto" (lo que cobras) es menor que el "bruto" (lo que ganas antes de retenciones).
La retención se calcula según tu sueldo, tu situación personal (hijos, tipo de contrato, etc.) y otros factores. A mayor sueldo, mayor porcentaje de retención, porque el IRPF es progresivo. Puedes pedir a tu empresa que te suban la retención voluntariamente si prefieres que la renta "salga a devolver".
Si a lo largo del año te retuvieron más de lo que realmente debías, en la declaración "sale a devolver" y recuperas la diferencia. Si te retuvieron de menos, "sale a pagar". Ni lo uno es un regalo ni lo otro un castigo: es simplemente el ajuste final de cuentas con Hacienda.