La base imponible es la cantidad sobre la que se aplica el tipo impositivo para calcular cuánto tienes que pagar de impuestos. Dicho simple: no pagas impuestos sobre todo lo que ganas, sino sobre tu base imponible, que es tu ingreso total menos las reducciones y gastos que la ley te permite descontar. Cuanto menor sea tu base imponible, menos impuestos pagas.
Partes de todos tus ingresos (sueldo, rendimientos, etc.) y le restas los gastos deducibles y las reducciones a las que tienes derecho (como las aportaciones a planes de pensiones). El resultado es tu base imponible. Sobre esa cifra, y no sobre tu ingreso bruto, se calcula el impuesto.
Es el punto de partida de todo el cálculo. Reducir tu base imponible legalmente (mediante reducciones) significa pagar menos impuestos. Por eso los planes de pensiones son tan populares: las aportaciones reducen tu base imponible y, por tanto, tu factura fiscal.
En el IRPF hay dos bases: la general (tu sueldo y la mayoría de ingresos) y la del ahorro (intereses, dividendos, ganancias por vender inversiones). Cada una tributa con tipos distintos, y la del ahorro suele tener tipos algo más bajos. Es útil saberlo si tienes inversiones.